en desorden, al escuchar la lluvia
o una canción con acento francés...
Te quiero a deshoras o cuando apunta la madrugada.
Te quiero a oscuras, con mis pupilas dilatadas
por un cansancio extremo o la fatiga de la desconfianza.
Te quiero, ciega, pero con fortaleza...
esa que me alcanza para tener la dignidad
de no llamarte y nunca buscarte,
para que mi historia no sea igual
y entonces sanar.
Buscar la victoria desde el amor
y sin desesperanza.
Te quiero en desorden y a punto de llamarte
para escuchar tu sonora y cálida voz...
que llena, alivia y deja entrecortados suspiros.
Tu canto tras la puerta o el temblor de mis piernas.
Da igual, ya no nos reconocemos.
Cada uno camina en paralelo... no coincidimos.
Te quiero, en desorden.
Eso me hace perderte... y encontrarme.
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